Desprenderse



Aceptar la pérdida de control sobre casi todo.
Abandonarte al caos escuchando Vetusta Morla.
Paradójicamente, perder el control y dejar que se tambaleen los cimientos parece ser la única manera de tomar las riendas. De empezar a tomarlas.
Qué de mentira puede llegar a ser la sensación de irreductibilidad, con qué facilidad sopla el viento perturbador y desmonta el castillo de naipes.
Pero qué mala costumbre esa de mantener los pies en el suelo. Hacerlo continuamente es de locos. Hay que levitar de vez en cuando. Solo así, cuando llegue el vendaval, te hará volar y te hará aterrizar en un charco inmundo, con la piel rasgada y la ropa hecha pedazos. ¡Hurra!

Quien bien te quiere, te hará llorar. ¿Gracias?

Pero hablemos de ti y de mí, en serio.