The Christmas spirit (or ghost) strikes back



Espíritu navideño, relájate, tron, que cada año vienes más pronto. Está como los falleros d'Els Cremats, tachando religiosamente del calendario cada día que pasa para que llegue otra vez el momento de ponerse la bufanda/el pañuelo lila. Y hala, a pensar otra vez en regalitos. Y nos mola ir de compras, pero no nos gusta la sensación borreguil que tenemos año tras año. Incoherencias del ser en sociedad (injustificables). Y esta vez ir de compras no es sólo "pasear, echar vistazos, tocar, remover...", como cuando voy a Casa, no no no... Ahora es cuando pienso: "El año que viene voy a empezar a currarme cositas artesanales un poco antes de Navidad". Ja, ja, como cuando era todavía estudiante (snif) y pensaba: "Para la próxima evaluación empiezo a organizarme desde el primer día para estudiar un poco al volver del instituto"... Pobre Joan, sus consejos paterno-profesionales caídos en saco roto... y jamás recogidos.
Lo bueno de estar siempre en el extranjero es que es fácil contentar a la familia con algo típico del lugar. Ahora me debato entre "hierbas de Provenza" o "jabón de Marsella". Poco glamour, sí, pero es lo que hay. El año pasado fue más difícil: qué se puede comprar de típico en Irlanda? Guinness? Un leprechaun de peluche? Una camiseta de "Kiss me, I'm Irish"? Y todavía me acuerdo de cuando volví de Italia flipada con un nuevo condimento que nadie podía conocer, cargada de botellas de vinagre balsámico de Módena, cuando todavía no estaba de moda en España.
Pero bueno, seguramente acabaré dando una vuelta por Benicarló el 24 de diciembre, el día en que todas las tiendas multiplican por n sus ventas, y le pillaré, a mi madre... Ja, ja, no caerá esa breva, mamá, que seguro que me estás leyendo. Sorpresa sorpresa...
Lo que decía, espíritu navideño en forma de fabricantes de juguetes, tranki tronki.